¿Quien cuidará de ti? Ley de Dependencia
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- Categoría: Seguridad asistencial
- Escrito por José Manuel Hidalgo Fernández
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La mayor parte de las personas mayores disfrutan de una salud que les permite vivir de manera independiente y llevar a cabo múltiples tareas y actividades sin necesitar de nadie hasta edades muy avanzadas de la vida. El envejecimiento es un proceso fisiológico natural en el que es determinante mantener una vida activa y satisfactoria para prolongarla. Pero este fenómeno no se produce en todas las personas mayores, ya que algunas necesitan de la ayuda de otros para desenvolverse en su vida diaria.Una persona es dependiente cuando presenta una pérdida de su autonomía funcional y necesita de la ayuda de otras personas para poder desenvolverse en su vida diaria. Normalmente, las causas de la dependencia son múltiples y varían bastante de unas a otras.
Las personas dependientes tienen en común su necesidad de otras personas para seguir adaptándose a las demandas de la vida cotidiana. Ven disminuida en mayor o menor grado su capacidad para realizar de forma independiente las actividades de la vida diaria. Sin embargo, los dependientes se diferencian en el grado de dependencia que presentan. Algunas personas necesitan ayudas mínimas, como que les acompañen en algunos desplazamientos, mientras que otras requieren una ayuda amplia y constante, como es el caso de las personas que necesitan ayuda en su higiene personal o de aquellos a los que es necesario darles de comer.
La dependencia produce efectos sobre los mayores y su entorno. Es muy importante para toda persona mantener en su vida un grado adecuado de autonomía personal o de control sobre su vida cotidiana. La pérdida de la capacidad para llevar a cabo las actividades cotidianas esenciales es una situación que afecta enormemente al bienestar integral, no sólo de la persona, sino también de quienes le rodean, tanto por las implicaciones que tiene para ellos mismos como al observar el declive de los seres queridos. Las necesidades básicas de los dependientes deben ser satisfechas por las personas más próximas de su entorno, generalmente familiares, a menos que se planteen otras posibilidades como es el ingreso en una institución. La prestación del cuidado debe cubrirse por la propia familia, con los consiguientes cambios a todos los niveles (sociales, emocionales, económicos, laborales) asociados al cuidado.
El progresivo envejecimiento de la población española hace apremiante contar con un sistema político, económico y social que dé soporte a la población de edad avanzada.
El aumento progresivo del número de personas mayores de 65 años respecto al resto de grupos de edad, constituye un fenómeno con amplias repercusiones sociales y políticas.
El caso español es, cuanto menos, paradigmático, ya que hasta hace pocos años nuestro país contaba con una de las poblaciones más jóvenes de Europa. La confluencia en el tiempo de un notable descenso de la mortalidad –España se encuentra entre los países con mayor esperanza de vida en el conjunto mundial, rondando los 80 años en el año 2.000 - y un espectacular descenso de la natalidad, explican la aceleración de este proceso.
Los cambios en la estructura de la población han dado lugar a casi seis millones y medio de personas mayores de 65 años, un volumen que conlleva numerosos efectos estructurales para los que nuestra sociedad no está preparada.
Aparte de la repercusión en las estructuras familiares y en el sistema político como consecuencia del progresivo aumento del peso electoral de este grupo de edad, el envejecimiento de la población tiene una serie de efectos sobre el sistema de pensiones que algunas voces de alarma afirman que pueden llegar a hacer peligrar el Estado de Bienestar. Por otro lado, el aumento de personas mayores y su cada vez mayor longevidad hacen que sea un grupo que requiera cada día más atención por parte de los servicios sanitarios. Según la Encuesta Nacional de Salud del año 2007, nada más y nada menos que el 40% del gasto sanitario se debe a la tercera edad.Como fenómeno que supone profundas repercusiones en nuestra sociedad, requiere un análisis y medidas urgentes de adaptabilidad por parte de las estructuras de poder. Sería necesario asegurar un sistema de protección de la tercera edad, sobre todo de los grupos dependientes, ampliando los servicios sociales, tanto desde la iniciativa pública como desde la privada.
A nivel individual también es necesario un cambio de mentalidad. Deberíamos readaptar la imagen social de la vejez que hemos heredado. Las connotaciones negativas de la palabra “viejo” han generado tradicionalmente la marginalidad de este grupo de población. Podríamos empezar por potenciar su participación activa en una sociedad en la que pronto será un grupo mayoritario…nosotros también lo seremos.
La tasa de envejecimiento de la población ha crecido en forma importante, como consecuencia, a la vez, del alargamiento de la vida y de la reducción de la fecundidad.
Con ella ha aumentado la proporción de personas que son dependientes para poder realizar las actividades corrientes de la vida diaria, lo cual conlleva que necesiten de cuidados que evidentemente tendrán una larga duración.
Existen tres conceptos clave: vejez, dependencia y cuidados de larga duración, cuya reunión parece presuponer que entre ellos existe una relación muy estrecha, se mueven en el mismo sentido.
El envejecimiento relativo de la población española ha venido motivado por la concurrencia de dos fenómenos diferenciados: El aumento de la esperanza de vida de los españoles y la importante bajada de la fecundidad, que constituye el reflejo de una transición demográfica coherente con el grado de desarrollo alcanzado por nuestro país.
El envejecimiento de las sociedades económicamente avanzadas se plasma en un incremento espectacular de la población mayor de 65 hasta límites impresionantes. Entre las características de estas poblaciones destaca el hecho de su elevado grado de dependencia. El deterioro físico y la disminución de su capacidad de autonomía hacen preciso el desarrollo de sistemas eficaces capaces de permitir suplir sus carencias. El interés que la sociedad y las autoridades están mostrando por esta problemática desemboca ya en algunas propuestas originales que tienen su origen en el mundo del seguro.
El sector asegurador tiene aquí un importante papel que jugar, a fin de formar la conciencia previsora de su clientela para que no descuiden un aspecto tan importante de lo que serán sus gastos cuando se jubilen, como los necesarios para hacer frente a una asistencia consecuencia de la dependencia producida por la longevidad.
De la misma forma que la comercialización de planes de jubilación y pensiones viene muy mediatizada por las expectativas que la gente vierte en la calidad de vida que desea gozar cuando se jubile, hay también que señalar lo difícil que es mantener estos estándares cuando por envejecimiento hay necesidad de una atención médica y asistencial continuada.
En los estudios que ha realizado la asociación empresarial del seguro español, se ha constatado que el desarrollo por parte del sector, en colaboración con el sector público de una cobertura de la contingencia de la dependencia es una necesidad cada vez más apremiante para el conjunto de la sociedad española por los siguientes motivos: El creciente envejecimiento de la población española, la insuficiente oferta actual de cuidados a las personas dependientes y la estimación de necesidades para el futuro.
En cuanto a la estructura de cuidados formales, los problemas con los que se cuenta son los siguientes: La oferta de cuidados formales es escasa, a nivel territorial existen desigualdades; la cobertura varía mucho dependiendo de la Comunidad Autónoma, en cuanto a la atención a domicilio, el nivel de protección que se otorga es inferior si lo comparamos con otros países de Europa. A todo esto hay que añadir que los recursos existentes no se utilizan adecuadamente. Concretamente, por lo que respecta a las residencias, el 53% de las plazas están ocupadas por personas válidas.
Cabe deducir una doble realidad: en primer lugar, el modelo asistencial de la dependencia efectivamente existente en España, adolece de importante déficit, por lo que es necesario abordar políticas que palien esta situación. En segundo lugar, es también necesario abordar la sensibilización social acerca del problema en potencia que supone la dependencia, puesto que un sistema que acumule ahorro destinado a financiar los costes asistenciales de ésta, resulta de especial importancia que dicho ahorro comience a constituirse a edades lo más tempranas posible, pues ello optimiza el sistema de aseguramiento.
La dependencia precisa de un concepto homogéneo para que el mecanismo de cobertura pueda tener lugar. Para el sector asegurador, se debe entender por dependencia la situación en la que una persona, por falta de capacidad física o psíquica, necesita la ayuda de un tercero para realizar las actividades de la vida diaria.
Se consideran actividades de la vida diaria las siguientes: vestirse, alimentarse, asearse, desplazarse, bañarse y mantener un nivel de continencia.
El Seguro privado podría acceder a un nuevo segmento de negocio con gran componente social.
Algunas aseguradoras de nuestro país ya han puesto en marcha modalidades de dependencia y se espera que en poco tiempo lo hagan otras muchas. Estos seguros están destinados a aquellas personas que, como resultado de la edad, de una enfermedad crónica o una importante incapacidad, no se encuentran en condiciones de mantenerse por sí mismas sin ayuda externa.
Diversos estudios coinciden en afirmar que los ancianos españoles tienen una clara preferencia por continuar viviendo en su hogar, sin trasladarse a residencias especializadas. De ahí que la cobertura de asistencia a domicilio pueda tener una gran aceptación. Las nuevas tecnologías facilitan sensiblemente estos servicios, introduciéndose el concepto de “tele asistencia”, mediante el cual, el enfermo puede recibir atención sin desplazarse al centro hospitalario.
El Seguro de Dependencia ya es una realidad, aunque de forma todavía incipiente, en países como Alemania, Francia, Reino Unido, Austria y Holanda, donde los ciudadanos en esta situación, reconocida por un tribunal médico, tienen derecho a recibir ayuda a domicilio, una estancia diurna o una residencia en función de las necesidades que se planteen en cada ocasión. En el caso alemán, el más desarrollado de Europa, se trata de un seguro obligatorio, financiado por las cotizaciones de empresarios y trabajadores, cuya cobertura alcanza a 900.000 ciudadanos. En Europa, con diferentes modelos, predomina la participación del sector público.
Estados Unidos es el país que más ha cultivado esta modalidad, pero con el seguro privado como protagonista. Conocido como “long term care”, se puso en marcha en 1974 y, tras la reforma fiscal de 1996, ha registrado un extraordinario crecimiento. Se introdujo para reducir las demandas de asistencia pública del colectivo de ancianos y personas dependientes y cuenta con importantes beneficios fiscales.
Dentro del Seguro de Dependencia estadounidense hay diferentes posibilidades, de asistencia, renta o reembolso de gastos. La primera incluye cuidados a domicilio, en hospitales o residencias especializadas, que oscilan entre las 2 y las 24 horas de atención diaria. También puede adoptar la forma de renta irregular o reembolso parcial de ciertos gastos médicos y de asistencia dispensados por una institución previamente reconocida. La suscripción puede hacerse en forma de seguro principal o como complemento a otras modalidades, como Vida Entera, Renta Vitalicia, Rentas de Invalidez, Bonos, Rentas ligadas a hipotecas, Seguros Colectivos o Rentas de Indemnización. Se divide en tres clases: Asistencia profesional (24 horas a cargo de facultativos y personal especializado), intermedia (menos de 24 horas con personal menos especializado) y custodia (menos intensidad de atención y personal).La dependencia, que antiguamente y aún hoy en cierta medida se compensa por la propia familia, previsiblemente evolucionará hacia los servicios prestados por entidades públicas y privadas. Se considera que una persona es dependiente cuando para poder realizar las tareas de su vida cotidiana, requiere, en mayor o menor medida, de la ayuda o supervisión de otra u otras de quien es, por tanto dependiente.
Paralelamente, una definición de cuidados a largo plazo, sería: el abanico de servicios médicos y de asistencia, requeridos durante un período prolongado por personas que han perdido, en parte o por completo, la capacidad de valerse por sí mismas a consecuencia de enfermedades crónicas, o afecciones propias de la edad avanzada.
Al analizar la forma en la que se proporcionan los cuidados, es importante distinguir entre: Cuidados formales, cuando se realizan por un cuidador profesional y cuidados informales, los que no son remunerados y son prestados normalmente por la familia y organizaciones benéficas.

