La sanidad madrileña: ¿sin problema o como problema?
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- Categoría: Editorial
- Escrito por Dr. D. Adolfo Gómez Embuena
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“Las teorías pasan, los hechos quedan. En la eterna mudanza de las cosas, sólo los hechos se salvarán
-y con ellos, acaso, la mejor parte de nuestra personalidad- de los ultrajes del tiempo y de la indiferencia e injusticia de los hombres.”
S. Ramón y Cajal
Hablar de Sanidad es entrar, aún sin quererlo, en el terreno movedizo de las Autonomías. No se trata de volver a plantear, en estos momentos, lo que muchas voces autorizadas denuncian abiertamente acerca del estado de las autonomías, las trasferencias y un sinfín de problemas derivados de esta situación; uno de los cuales, y no es baladí, lo constituye la financiación. Creo que, en este sentido Madrid es un ejemplo de bien hacer. Sin embargo, centrándonos en la situación concreta de la sanidad madrileña, no podemos ignorar que hay una serie de circunstancias de carácter y ámbito nacional que repercuten de manera directa en nuestro entorno y sería de necios ignorarlas. La escasez de médicos, sobre todo en determinadas especialidades, el envejecimiento de las plantillas y los recursos económicos necesarios para mantener el sistema de salud, son aspectos que afectan de lleno a nuestra organización sanitaria.
Un tema de especial gravedad, que no es ajeno a la estructura autonómica, lo constituye la utilización de la sanidad como arma política contra el adversario, y en este sentido Madrid sí constituye un ejemplo paradigmático de lo que puede suponer el poder del Estado al servicio de un determinado partido político en contra de la administración autonómica en manos de otra opción política; olvidando que los poderes públicos están al servicio de la ciudadanía y en la persecución ineluctable del bien común. Resulta paradójico contemplar las movilizaciones de determinadas organizaciones sindicales centradas exclusivamente en Madrid con la sanidad como única motivación y la privatización de la misma como señuelo para atraer adeptos, cuando la crisis económica galopante que nos afecta produce diariamente 6.000 parados sin que dichas organizaciones levanten la voz ni se inmuten.
El estado de las Autonomías, realidad constitucional incuestionable y elemento crucial en la vertebración del modelo democrático de nuestro País, en vez de ser un factor de cohesión y solidaridad entre regiones, se ha convertido en un factor de desunión y conflictividad. El modelo autonómico aparentemente consolidado, presenta carencias e indefiniciones preocupantes que ponen en duda la bondad del sistema. Surgen cada vez más voces críticas que se plantean una reconducción del mismo, haciendo hincapié en la necesidad de que el Estado no transfiera determinadas competencias a las comunidades autónomas, entre las que se encontraría, entre otras, la correspondiente a la sanidad. Las transferencias en esta materia han puesto en manos de los políticos un arma cuya utilización partidaria con fines electoralistas desvirtúa el fin primordial: que es ofrecer una adecuada y eficaz atención sanitaria, haciendo un uso racional de los medios disponibles y una eficaz gestión de los recursos. El control de un bien social incuestionable ha sido hurtado al poder central del estado y ha recaído en las administraciones autonómicas que, en algunos casos sin pensar en el bien común, han hecho de la sanidad un arma política de primer orden, demagogia incluida. Al no existir una visión única del estado tampoco existe una planificación adecuada, ni se estudian las necesidades globales en materia de recursos humanos y materiales. Se pierde la visión de conjunto y las diferentes políticas sanitarias, fruto de esta atomización autonómica, se pueden diseñar de manera caprichosa y atendiendo a criterios no estrictamente profesionales ni de control del gasto. La experiencia vivida si algo nos enseña es, precisamente, el comprobar que una de las características más definidas de esa paradójica indefinición, es la insolidaridad y los agravios comparativos que se generan entre las diferentes regiones. Otros aspectos perniciosos de este modelo los constituyen: la existencia de una política endogámica que prácticamente impide la libre circulación de los profesionales entre autonomías, ausencia de criterios profesionales en la adjudicación de plazas, y la creación de estructuras hospitalarias, servicios y equipamientos, en muchos casos, sin tener en cuenta las necesidades reales de la población.
Estas consideraciones, a modo de introducción, tienen la justificación, hablando de Madrid, de ser especialmente nuestra región quien padece en su desarrollo
sanitario, sin culpa alguna, muchos de los defectos señalados a nivel nacional; y es, precisamente, la sanidad madrileña quien tiene que asumir la atención sanitaria derivada de otras autonomías, por ser un referente de calidad basado en una alta tecnología y cualificación profesional. Eso sin tener en cuenta su capacidad hospitalaria, con una oferta excepcional de plazas para la formación de médicos a través del sistema MIR, y su enorme disponibilidad para absorber la contratación de profesionales procedentes de todo el territorio nacional, sin clichés estereotipados. Con este bagaje hay algo que llama poderosamente la atención al observador imparcial en relación con el panorama nacional, el intento desesperado de mostrar una imagen de conflicto permanente en la sanidad madrileña, incentivado y jaleado por muy concretos medios de comunicación y que no responde a la realidad.
Es una realidad contrastada, y en absoluto cuestionable, que la política de inversiones en materia sanitaria en la comunidad de Madrid se ha visto refrendada por la construcción de ocho nuevos hospitales, que atienden importantes núcleos de población a la vez que descargan la presión asistencial de los grandes hospitales de referencia. Que otros grandes hospitales, como la Residencia General del “Hospital 12 de Octubre”, sin alterar su funcionamiento ni interrumpir su actividad, será reemplazada por una nueva estructura hospitalaria en fase muy avanzada de construcción. Que todas estas nuevas edificaciones hospitalarias están concebidas con un criterio de exigencia en relación con el componente hotelero y la estancia del paciente durante su ingreso. Es decir, habitaciones únicas que permitan mayor intimidad y comodidad para soportar y afrontar el hecho indeseable de la enfermedad.
El nuevo hospital de “Puerta de Hierro”, dotado de una alta tecnología, tiene una presencia mediática muy negativa, a través de la cual se intenta poner de manifiesto desde su apertura la existencia de un caos total en su organización y la carencia de medios indispensables para un correcto funcionamiento del mismo. Es innegable que se ha dado un salto cualitativo, al intentar un grado de automatización para el que no se estaba preparado. No es fácil pasar de un “hospital con papeles”, sin pasos intermedios, a un” hospital sin papeles”, pero no creo que nadie ponga en duda la absoluta necesidad de alcanzar esos niveles de automatización que la sociedad demanda y la medicina exige si queremos lograr el grado de excelencia al que estamos llamados en el ejercicio de nuestra profesión. Se insiste desde algunos sectores en la prematura apertura del nuevo hospital, sin tener en cuenta las dificultades inherentes al traslado: nuevo espacio geográfico, nuevas y desconocidas instalaciones, nuevos modos y sistemas de relación profesional y sobre todo un cambio de mentalidad para adaptarse a unos sistemas de informatización desconocidos, con escaso o nulo entrenamiento. No seré yo quién niegue tales afirmaciones, que posiblemente hubieran podido evitarse con un traspaso más gradual o un mejor conocimiento de las aplicaciones informáticas del sistema implantado y una mayor garantía y fiabilidad del mismo; de lo que sí estoy plenamente convencido es de la necesidad de avanzar en estos aspectos. Toda nueva andadura conlleva ciertas incertidumbres y una carga imprescindible de ilusión. Posiblemente en el caso que nos ocupa haya fallado en gran parte la ilusión y se hayan acentuado en exceso las incertidumbres. En cualquier caso, una vez superadas las dificultades iniciales y compuesto el rompecabezas de esta nueva situación, la “Clínica Puerta de Hierro” en su nueva ubicación seguirá siendo un referente de calidad en el panorama médico nacional, con el valor añadido de la modernidad en su doble vertiente tecnológica y hotelera.
La apertura de los nuevos hospitales ha originado un pequeño terremoto estructural, desde el punto de vista de los recursos humanos (ajuste de plantillas) y desde el punto de vista asistencial. El acercamiento del hospital al ciudadano constituye una mejora evidente del modelo sanitario que a su vez repercute estructuralmente en el sistema. El área de influencia de los nuevos hospitales ha supuesto un retraimiento de la población atendida en los hospitales de referencia, que a su vez refuerza el papel de los mismos en cuanto a una atención altamente especializada con una mejor y más cualificada utilización de los recursos. Sin embargo, ese descenso en el número de pacientes obliga a una adecuación de las plantillas, hipertrofiadas en algunos casos por la pérdida de población atendida o deficitarias en otros, al convertirse en obligada referencia, por no existir determinados servicios en los hospitales de nueva creación. Este ha sido uno de los caballos de batalla del frente sindical contra la política sanitaria de la Comunidad de Madrid, crear incertidumbres en relación con la movilidad de los trabajadores. La movilidad forzosa nunca se ha utilizado, ni siquiera en la puesta en marcha de los nuevos hospitales, sí la movilidad voluntaria que, además, se pretende potenciar. Una falacia más de la propaganda teledirigida con fines políticos, porque nadie explica con honestidad que la movilización forzosa, que nunca se ha intentado ni por supuesto producido, requiere garantías de procedimiento legalmente establecidas.
Otra consigna especialmente publicitada y machaconamente repetida por los sindicatos movilizados contra la política sanitaria de la administración madrileña es la “privatización de la sanidad”. Y en este punto sí quisiera referirme a la libertad de pensar al margen de lo políticamente correcto. Aceptando, como punto de partida, que la única y auténtica libertad es la libertad de pensar, hagámoslo al margen de las presiones, huyendo de una tranquila posesión de la verdad oficial. La evidente politización de todo lo relativo a la sanidad hace que surjan problemas donde por su naturaleza no debieran existir. Parece lógico pensar, basándonos en el sentido común, que una adecuada y eficaz política sanitaria debería integrar todos los recursos (públicos y privados) en una red sanitaria común, pero con unas reglas de juego perfectamente delimitadas. No es lógico que la medicina privada se financie con dinero público, como tampoco parece asumible que lo público no tenga los criterios de exigencia y eficacia que suelen acompañar la gestión privada. La defensa apasionada de la bondad o maldad de una sanidad con respecto a la otra sin argumentos concretos no se sostiene, sobre todo cuando los profesionales en los que se apoya el desarrollo de ambas medicinas, en su inmensa mayoría son los mismos. Este enfrentamiento entre lo público y privado, innecesario si definiéramos nítidamente la naturaleza de ambos conceptos, se convierte, una vez más, en arma ideológica de utilización partidista. Nos olvidamos, como casi siempre, que la sanidad así entendida es un logro esencial del estado de bienestar.
El desarrollo tecnológico aplicado a la medicina ha hecho progresar de manera espectacular el saber médico, que a su vez se ha universalizado. Esta situación genera cambios substanciales en la actitud del profesional obligado a adaptarse a un medio en continua renovación tecnológica y con nuevas herramientas en el manejo de la información y en el entramado estructural que constituye su “habitat” natural de trabajo. Las nuevas tecnologías en la gestión de la información mejoran la actividad asistencial. La “historia clínica electrónica” facilita el acceso a la información clínica del paciente a la vez que permite autorizar, protocolizar y priorizar determinadas exploraciones. En algunos contextos, existe la posibilidad de realizar peticiones electrónicas de pruebas diagnósticas, lo que acelera la transmisión de la información y reduce el riesgo de errores. El “reconocimiento de voz” en la elaboración de informes permite la trascripción casi inmediata del dictado así como la realización de informes urgentes en tiempo real. La implantación de PACS (Picture and Archiving Communication Systems) aporta el beneficio que supone el acceso instantáneo a las imágenes y, también, la posibilidad de acceder, archivar y compartir imágenes a través de la digitalización. Este sistema facilita la gestión del archivo, la transmisión de las imágenes diagnósticas y la planificación de tratamientos, aumentando la eficiencia, simplificando los trámites, reduciendo los costes y minimizando la duración media del proceso.
Todas estas aplicaciones de la informática al desarrollo de la medicina en su vertiente asistencial han supuesto un esfuerzo de innovación importante con nula repercusión mediática pero de una gran eficacia en el quehacer diario de la actividad médica, con la obtención de un beneficio evidente para el paciente, receptor final de estas mejoras y justificación última de todo este despliegue tecnológico. También, justo es reconocerlo, las nuevas técnicas de la información han puesto al alcance del ciudadano (enfermo o potencial enfermo) un arma de conocimiento y divulgación médica muy accesible, cómoda y eficaz, aunque no siempre sabiamente utilizada.

La inversión realizada en alta tecnología sanitaria en los hospitales madrileños, sin tener en cuenta las obras de adaptación necesarias para su puesta en funcionamiento, ha superado los 74 millones de euros; 52 millones en la dotación de los nuevos hospitales y 22 millones en la renovación de equipos en el resto de los centros públicos de la Comunidad de Madrid. La importancia de esta tecnología no estriba únicamente en la adquisición de más y mejores equipamientos, sino que debe contemplar también el impacto que suponen en el entorno de trabajo. Los equipos adquiridos, de última generación, unidos a las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación permiten alcanzar logros impensables hace unos años: acceso del profesional sanitario a la información sobre el paciente en tiempo real, toma de decisiones con independencia de la ubicación del paciente y del facultativo e interoperatividad entre diferentes herramientas tecnológicas.
Sirva como ejemplo del esfuerzo realizado para dotar de equipamiento a los nuevos hospitales y renovar tecnológicamente los ya existentes, la creación de cinco unidades PET-TC. Conviene recordar que en la Comunidad de Madrid funcionaban diez equipos de esta tecnología, de carácter privado, por tan solo una equipación similar en un hospital público, la Paz. En el momento actual se han instalado en los hospitales públicos seis unidades, tres funcionando y otras tres a punto de hacerlo. Han sido dotados nuevos servicios de Oncología Radioterápica con cuatro Aceleradores y dos TC para simulación; 124 equipos de Radiología general; 105 ecógrafos; 11 Resonancias Magnéticas; 15 Tomógrafos Computarizados; 6 Gamma-cámaras; 6 salas de Angiografía; 3 salas de Hemodinámia; densitómetros y un largo etcétera. Los datos, en cuanto a inversión tecnológica se refiere, son bastante demostrativos de la labor realizada y espectacularmente llamativos en relación con el resto de autonomías. Cabe preguntarse, en algunos casos, si la planificación se ha realizado atendiendo a criterios de equidad en función de las necesidades detectadas, buscando la eficacia y eficiencia a corto y largo plazo sobre la población atendida.
El día 26 de marzo fueron presentadas por la Consejería de Sanidad las Encuestas de Satisfacción realizadas tanto en el ámbito de la Atención Primaria como en el de la Atención Hospitalaria, con muy buenos resultados. Quizás sea la mejor respuesta a la labor desarrollada al margen de los movimientos organizados.
El grado de satisfacción profesional constituye un parámetro importante del buen funcionamiento del entramado sanitario, que no está reflejado en las encuestas, y merece una reflexión aparte.
El acuerdo del Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid de 25 de Enero de 2007 (BOCM de 7 de febrero) sobre Carrera Profesional, en base a los méritos acreditados y en reconocimiento al ejercicio y desarrollo profesional, mediante la estadificación en niveles y la correspondiente contrapartida económica, ha supuesto un reconocimiento a la dedicación y entrega del profesional al sistema de salud que se agradece.
La anulación del Complemento de Dedicación Exclusiva (año 1987) que, con carácter selectivo, premiaba económicamente a quienes decían no trabajar en la medicina privada, sin estar obligados a ninguna exigencia en tiempo, dedicación y objetivos extras que justificaran ese incremento salarial; constituye otro hito importante en la dignificación del ejercicio profesional. No olvidemos que trabajando lo mismo, unos profesionales cobraban un millón de pesetas más al año que otros; agravio comparativo gratuito, generador de enfrentamientos cainitas en las plantillas y elemento distorsionador del ambiente de trabajo, hoy día felizmente superado gracias a esta decisión.
Con ser relevantes estos aspectos de la gestión realizada, que estimulan al profesional y armonizan la convivencia y las relaciones interprofesionales, aún quedan flecos sin resolver que producen inquietud y malestar. Uno de ellos es la precariedad en el empleo con contratos eventuales renovables cada seis meses o interinidades mantenidas en el tiempo, que produce inseguridad y angustia del profesional incapaz de planificar su vida familiar y personal, a la vez que dificulta la organización, diseño y desarrollo de los equipos de trabajo. Es necesario dotar a las instituciones sanitarias de los medios humanos necesarios, con carácter permanente, con el fin de potenciar el desarrollo personal y profesional dentro de un marco laboral de motivación, promoción y satisfacción. En este sentido, la Consejería de Sanidad consciente de la necesidad de disminuir las tasas de temporalidad y abundar en la política de estabilidad en el empleo, acaba de aprobar la Oferta de Empleo Público del año 2009, en las que se han incluido 5.288 plazas de las distintas categorías sanitarias que, unidas a las plazas correspondientes a las OEP´s 2003 al 2007, suponen 13.609 plazas. Esta última y reciente Oferta de Empleo incluye un total de 1.851 plazas de personal médico, de las cuales, 1232 plazas son para Facultativos Especialistas de Área. Asimismo incluye 306 plazas de Médicos de Familia, 119 de Pediatras de Atención Primaria y 194 de Médicos de Urgencias del SUMMA 112. Importante esfuerzo, sin precedentes en ninguna otra Comunidad Autónoma, que dificulta aún más la comprensión de ciertos planteamientos y movilizaciones sindicales desde un análisis realista de la situación.
La pérdida de la autoridad del médico en las estructuras sanitarias es otra de las inercias indeseables que se viene arrastrando. Su origen se remonta a la reforma socialista de la sanidad del año 1985, orden ministerial del 28 de febrero (BOE del 5.3.1985) por la que se aprueba el “reglamento general de estructura, organización y funcionamiento de los hospitales de la Seguridad Social”. En dicho decreto se formaliza la desaparición de las Juntas Facultativas y con ellas la posibilidad de asesoramiento a la dirección del centro por parte de los facultativos, a la vez que se equipara la Dirección de Enfermería a la Dirección Médica, lo que genera una bicefalia que dificulta la toma de decisiones y entorpece la línea de mando en un sistema jerarquizado, minimizando el papel del médico.
Otras situaciones, machaconamente repetitivas, que generan insatisfacción profesional, son aquellas derivadas de la saturación de las urgencias hospitalarias, carencias de personal e ingresos pertenecientes al área de medicina interna que por falta de camas han de ser desplazados a otras áreas hospitalarias (pacientes periféricos o ectópicos). Las agresiones a médicos y personal sanitario no son algo esporádico ni inusual, cada vez son más frecuentes. La alarmante escasez de médicos, puede condicionar negativamente el normal funcionamiento del actual sistema sanitario. Algunas especialidades médicas son claramente deficitarias y están obligando a ajustes improvisados y situaciones de emergencia, lo que evidencia una absoluta falta de planificación y la no existencia de estudios rigurosos que contemplen las necesidades reales en nuestro País de profesionales de la medicina. La huida de nuestros profesionales a otros países comunitarios, con mejores ofertas y condiciones de trabajo, es un hecho que debería hacer pensar a nuestras autoridades, reflexionando acerca del marco laboral y remuneración económica de nuestros médicos. Exportamos médicos muy bien formados y acogemos médicos sin controles rigurosos. El menor número de licenciados en medicina es otro hecho que debería hacernos recapacitar. Insistimos, una vez más, en cómo aspectos y problemas de carácter general pueden incidir en el normal funcionamiento de la sanidad madrileña. Para poder mantener el nivel de las actuales prestaciones sanitarias se requiere, cada vez más, un importante aporte de medios financieros. El suministrar y garantizar los recursos económicos necesarios, optimizar su distribución y controlar el gasto mediante una eficaz gestión de los mismos, es labor que incumbe a la Administración. A nosotros, profesionales de la sanidad, aunque no sea la faceta más característica de nuestro perfil profesional, nos corresponde una parte de responsabilidad en el aprovechamiento y utilización armónica de esos recursos, mediante una correcta actuación profesional, sin que por ello tengamos que hacer concesiones que puedan limitar nuestra libertad de actuación en detrimento de la propia dignidad del ejercicio profesional.
Descrito con datos fehacientes el panorama de la Sanidad Madrileña, dejo al lector la libertad de elaborar sus propias conclusiones. Los hechos quedan, las falacias las desmonta el tiempo. El trabajo realizado existe, podrá ser más o menos criticado o por el contrario aceptado sin reservas; en cualquier caso, la toma de postura debería siempre justificarse con argumentos solidamente construidos y honestamente planteados. Hay que huir de los eslóganes prefabricados y de los intereses partidistas, siempre sectarios, e intentar unificar criterios para alcanzar los mejores resultados en aras del bien común. Si compartimos con Cicerón que “todo el mundo puede equivocarse. Sólo los necios perseveran en el error”, aprendamos de los errores para seguir avanzando y sobre todo confiemos en la actitud de los gestores que haciéndonos partícipes de sus proyectos eviten el error de ningunear a los profesionales. Cualquier reforma en la sanidad, por pequeña que sea, necesita contar con el apoyo y la opinión de los profesionales.
Hay dos proyectos de gran envergadura sobre los que está trabajando la Consejería de Sanidad: el decreto sobre libre elección y el de estructuras básicas. Durante el mes de febrero se han mantenido reuniones, con la finalidad de presentar y explicar estos proyectos, con Colegios Profesionales, Sociedades Científicas y Organizaciones Sindicales. Para los profesionales a pie de obra, que palpan la realidad del sistema sanitario día a día, se ha habilitado un buzón que facilita toda la información y permite aportar sugerencias. Con estos proyectos se pretende progresar en la calidad del sistema, situando a las personas en el centro de decisión del sistema sanitario y a los responsables públicos suministrarles las herramientas necesarias para mejorar la gestión. Como en todo proyecto surgen una serie de interrogantes generados por el proceso natural de cambio que suscitan. No hay nada, en estos decretos, que guarde relación con la gestión privada. Es más, se fortalece el sistema público fidelizando a los pacientes a través de una mayor capacidad de elección de los profesionales que los atienden. En ningún caso está previsto realizar la movilización forzosa del personal, la movilidad que se promueve es la voluntaria. Precisamente éstos son los argumentos que se esgrimen para justificar las movilizaciones, que responden exclusivamente a una estrategia de oposición política.
La razón de ser del médico es servir al ciudadano, enfermo actual o potencial, por encima de cualquier otra consideración. Y en ese servicio debe fundamentarse nuestra idea de la sanidad. La aplicación práctica de esta concepción filosófica en una sociedad democrática se basa en el reconocimiento de la libertad de elección, como uno de los derechos ineludibles de la persona.
La confluencia de medios asistenciales públicos y privados tiene sentido únicamente en la obtención de una mejor calidad en la asistencia, superando la ridícula, arcaica y demagógica controversia entre lo público y privado. Ya es hora de hablar simplemente de buena o mala medicina. Defendemos, como es lógico, el aprovechamiento de todos los recursos disponibles en materia de sanidad, sin trasvases extraños, ni situaciones de privilegio para unos pocos en detrimento y sacrificio de los más. Pero, eso sí, sin aceptar el desmantelamiento de un sistema hospitalario que dignificó en su día el nivel de la medicina en nuestro País, y constituye actualmente la estructura esencial para la formación de nuestros futuros profesionales.
La concepción ideal de cualquier sistema sanitario sería aquella que, basada en la libre elección del enfermo, asegurará la libertad profesional del médico. Los pacientes ya han hablado a través de la encuesta de satisfacción; que la opinión de los profesionales complete definitivamente el cuadro final de una sanidad con niveles de excelencia. El médico debe intentar mantener su independencia profesional y el sentido de la dignidad en un mundo tecnológicamente avanzado, donde las ciencias del espíritu no siguen el ritmo que marca la técnica, sabiendo que nuestros fracasos de hoy pueden convertirse en éxitos del mañana, y que en la medicina como en la sociedad siempre hay un mañana que es futuro, que es ilusión, que es vida. Si encabezamos estas reflexiones con una frase de Santiago Ramón y Cajal, por qué no finalizarla con otro pensamiento suyo extraído de “Recuerdos de mi vida”: “Huyamos del pesimismo como del virus mortal: quien espera morir, acaba por morir; y al contrario, quien aspira a la vida, crea la vida”.

